“Para muchos el éxito y la felicidad son prácticamente lo mismo. Pero la realidad es que existe un matiz diferencial. Tener éxito, de hecho, no implica necesariamente ser feliz, aunque un gran número de personas así lo experimentan”. Estas son palabras del doctor Félix Torán, experto en conducta humana y autor del libro “Las Respuestas del Universo”. Sin embargo, agrega, quien es feliz siempre tiene éxito, ya que la felicidad es el objetivo más buscado por la humanidad desde los orígenes de su historia. Una definición de ÉXITO, apunta el doctor Torán, es “la consecución de aquello que deseamos”. Por otro lado, la felicidad, distingue el experto, implica estar contentos y sentirnos bien con aquello que tenemos. Implica necesariamente saber vivir y disfrutar del presente, que es el único momento que existe.

“Hay muchas personas que, tras alcanzar un objetivo que persiguen durante años, no son capaces de disfrutar de dicho logro y saborearlo por completo con verdadera felicidad. En su lugar, están pensando en el siguiente objetivo a conseguir. La distancia que los separa de dicho objetivo, con sus riesgos y dificultades, no hace más que generar estrés, y eso no es felicidad verdadera”, comenta el científico y autor español.

Nos invita a reflexionar: ¿Somos felices con lo que tenemos? ¿Hemos dedicado al menos un poco de tiempo a descubrir las cosas por las que podríamos ser felices ya mismo, y a las que no damos la suficiente importancia?

Si asociamos ser feliz con la consecución de un objetivo, es probable que cuando lo logremos no seamos tan felices como esperábamos. De hecho lo que ocurre casi invariablemente, es que el efecto de “felicidad” es temporal; apenas conseguimos algo, ya sea una meta tangible o intangible, experimentamos una “alta emocional” pero que gradualmente se desvanece, hasta regresarnos a nuestro estado anterior.

Marci Shimoff, autora de “Feliz Porque Sí” (Happy For No Reason) comenta que, después de alcanzar un objetivo, regresamos a nuestra modo estándar de felicidad, cualquiera que sea éste, que actúa como la línea cero —subimos o bajamos por arriba de dicha línea pero siempre tendemos a equilibrarnos, ya que es nuestra conducta habitual. La clave entonces está en modificar este promedio de felicidad.

¿Cómo hacerlo? Como nos recomienda el doctor Terán: comenzando a apreciar lo que sí tenemos, comenzando a auto-observarnos, para darnos cuenta de nuestra dependencia en los logros, de manera que dejemos, poco a poco, de “necesitar” de cosas, personas y otros factores externos para ser felices. El objetivo es darse cuenta que le hemos puesto muchas condiciones a la felicidad; basta regresar algunos años para ubicarnos en aquellos momentos donde, con muy poco, o con nada, eramos felices.

Éxito no es sinónimo de felicidad. Tampoco se trata de elegir entre uno y otro. Se puede ser feliz y exitoso. Se trata de recordar que el éxito no necesariamente lleva a la felicidad, y al darnos cuenta de ello, comenzamos a hacer las distinciones y la elección consciente de ser felices, aunque no todo sea perfecto. Es “aprender a ser felices con lo que tenemos en cada momento”, dice el doctor Torán, “de esta forma, cuando alcancemos nuestras metas seremos verdaderamente felices, y también lo seremos durante el camino”.